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El retablo mayor de la parroquia de Langa de Duero y la Basílica del Monte Gargano.
 
En el cuerpo segundo y en las calles izquierda y derecha del retablo mayor de la parroquia de Langa de Duero aparecen unas imágenes un tanto extrañas, raras a primera vista, que parecen no tener mucho que ver con un retablo de una iglesia. En el recuadro de la izquierda según se mira aparece un cazador, rodeado de otros cazadores o criados que le acompañan, bien armado de flechas en su aljaba y disparando una de estas flechas, nada menos que a un toro.
¿Que pinta una escena de caza en un retablo?
El de la derecha parece ser un poco más razonable. Es un obispo en procesión acompañado de otros sacerdotes y otra vez en lo alto del cuadro el consabido toro. ¿Qué significan estas originales representaciones? Lo veremos más adelante.
Para mejor comprender el emplazamiento en el retablo de las distintas representaciones de las imágenes que iremos explicando, nos interesa saber cómo se ordena un retablo. Diríamos que, en sentido horizontal, un retablo es como una casa. En la parte más baja tiene el sótano; en un retablo esta parte más baja se llama banco. Encima están los distintos pisos, llamados en el retablo cuerpos que en nuestro caso son tres cuerpos o pisos. Y en la parte más alta está el ático o remate del retablo.
En sentido vertical, o sea de abajo hacia arriba, los espacios se llaman calles. En nuestro retablo hay tres calles; una central más ancha y dos laterales más estrechas, y entre calle y calle hay unos espacios más reducidos, más pequeños, llamados entrecalles.
Teniendo esto en cuenta, en el banco, la parte más baja, están representados los apóstoles, con los atributos que corresponden a cada uno; por lo cual se sabe, por ejemplo, quien es San Pedro por las llaves que lleva, San Pablo que empuña una espada, San Andrés con la cruz en aspa, Santiago con el hábito de peregrino o San Juan con el cáliz, y así los demás.
En el primer cuerpo o piso, en la calle central destaca el Sagrario y en las dos calles laterales están representados los cuatro evangelistas, dos a cada lado, con las características que distinguen a cada uno; San Lucas con el toro, San Juan con el águila, San Mateo con el ángel y San Marcos con el león. En las entrecalles los imágenes de San Pedro y San Pablo.
En el segundo cuerpo, en la calle central destaca la figura de San Miguel, arcángel, una de las más bellas de todo el conjunto, levantando en la mano izquierda la cruz y en la derecha una espada con el demonio o Lucifer a sus pies. En las dos calles laterales las escenas a que nos referimos y cuyo significado explicaremos más adelante. En las entrecalles San Juan Bautista a la izquierda y quizás un evangelista a la derecha con una pluma y un libro.
En la calle central del tercer cuerpo la Asunción de la Virgen, en relieve, no en talla, y con la Virgen sobre nubes, pisando la media luna y cuatro ángeles. En la calle izquierda, la Natividad de la Virgen, con su madre Santa Ana en el lecho y en el interior de una alcoba, y dos mujeres que atienden a la recién nacida, al calor de un brasero; y a la derecha la Anunciación con la Virgen bajo un dosel y semiarrodillada y el ángel sobre nubes, dando el anuncio, y por la parte alta el Espíritu Santo. En las entrecalles a la izquierda un apóstol o profeta y a la derecha San Andrés, bien reconocible por la cruz en aspa.
En el ático, en el centro el grupo del calvario, integrado por Jesucristo en la cruz, la Virgen y San Juan. A la izquierda Santo Domingo de Guzmán con el hábito de su orden, sosteniendo un libro y un lirio, símbolo de la pureza, y a la derecha San Pedro de Osma, como obispo, con báculo y mitra en actitud de bendecir.
Y ahora intentaremos explicar las figuras de las calles laterales del segundo cuerpo. Tienen su explicación en la leyenda del Monte Gargano, en la comarca de Pulla, en Italia. La leyenda data del siglo IV y según ella un rico propietario de aquellas tierras, llamado Gargano, perdió uno de los toros de su ganadería, en las altas cumbres de la montaña. Salió con sus criados en su búsqueda y lo hallaron en una altura, encima de unas cuevas. Gargano le disparó una flecha, con la intención de darle muerte o herirlo. La flecha rebotó en el animal, volvió contra su dueño y se le clavó en un ojo. Entonces se le apareció San Miguel, pidiéndole que aquel lugar fuera consagrado a San Miguel, arcángel, con la edificación de un templo en su honor. Según la leyenda el obispo de Sipontum (Manfredonia) recibió igualmente una aparición de San Miguel, refiriéndole lo sucedido. Conmovido por todo ello, el obispo ordenó un ayuno de tres días, al final del cual organizó una procesión al lugar de la gruta para allí levantar el santuario.
En conformidad con la leyenda, en el recuadro de la izquierda aparece Gargano con sus criados disparando una saeta para matar al toro que aparece en la parte alta, a la derecha del cuadro. Y en el recuadro de la derecha aparece el obispo, acólitos y fieles, en procesión hacia el Monte, hoy día llamado el Monte Gargano, para construir el templo. Así aparece San Miguel sobre la roca de la cueva, en el momento de aparecerse a los devotos y el toro responsable de los hechos. Hoy, en día, se levanta sobre el monte Gargano una espléndida Basílica, dedicada a San Miguel, donde acuden multitudes de peregrinos a lo largo de todo el año.
El autor de este magnífico retablo fue Juan Zavalo. (En el tablón que se ha colocado al iniciar la escalinata de subida a la iglesia, se le atribuye a Ruiz de Quintana, pero no es así. Es una de las cuatro imprecisiones o gazapos que tiene dicho letrero en las poco más de tres líneas que tiene escritas sobre la iglesia).
El retablo costó 700 ducados y ya estaba terminado en noviembre de 1597, año en que se encomendó a Tomás Ruiz de Quintana el dorado y pintura del mismo. Teniendo en cuenta que una vez acabado el retablo, se solía esperar dos o tres años para pintarlo y dorarlo, es de suponer que el tal retablo se haría en torno al año 1593 ó 1594. Ruiz de Quintana fue, por tanto, quien lo doró y pintó; no quien lo hizo. Parece ser que Zavalo murió joven y es la única obra que consta documentada del escultor; no obstante, como dice José María Martínez Frías “atestigua la mano de un artista de calidad, con postulados estéticos muy próximos a los de Esteban Jordán, con quien es posible que Zavalo se formara”.
El retablo no fue hecho para ser colocado donde está ahora sino para la iglesia anterior y estaba colocado en lo que ahora es la subida al campanario, que era el ábside de la primitiva iglesia del siglo XVI. Al ampliar la iglesia, en el siglo pasado, se cambió el ábside y se puso mirando hacia el oeste, caso no usual en las iglesias, y en él se colocó el retablo. La bendición e inauguración de la actual iglesia se hizo el día 11 de agosto de 1904. El próximo año se cumplirá, por tanto, un siglo. De ello trataremos, tal vez, en alguna otra ocasión.
Publicado en el mes de mayo del año 2003.

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