Recuerdos. El arado y los naipes.
Yo recuerdo que, en mis años de chico, en mi pueblo, las mozas (solían ser las quintas de cada año) salían por las casas, los domingos de cuaresma, a pedir una limosna para el Santísimo y era para cera y velas para alumbrar el Santísimo, expuesto solemnemente en el Monumento el Jueves y Viernes Santo.
¿Qué clase de limosna recogían? Ordinariamente era lo que se llamaba en especie: Huevos, que luego vendían en las tiendas para con el dinero comprar la cera. Eran años en los que el dinero contante y sonante se usaba muy poco, porque no abundaba mucho en las casas, sino más bien estaba bastante escaso y muy justito. Incluso, para comprar pan casi nadie lo hacía con dinero. Usaban lo que llamaban las “tarjas”; que eran una especie de reglas cuadradas de madera, de unos 10 o 15 centímetros de largas, con las cuatro aristas bien formadas y en ellas se iba haciendo una muesca por cada hogaza que el cliente se llevaba. Cuando llegaba la recolección del trigo, se contaban las muescas hechas en la tarja, y, por cada kilo de pan, los panaderos se llevaban los correspondientes de trigo; con lo que resultaba que, sin haber sembrado, los mayores cosecheros eran los panaderos.
Lo mismo sucedía con la carne. En unas cartillas o cuadernos pequeños, con el membrete del carnicero y con páginas bien numeradas, se iban escribiendo los kilos de carne que el comprador se iba llevando cada día; y, cuando los corderos eran lo suficientemente grandes para ser separados de la madre, el carnicero se llevaba los que le correspondían en conformidad con los kilos de carne gastada; y así resultaba igualmente que los carniceros eran los que más corderos tenían en el pueblo, sin necesidad de tener ovejas. (Ahora que se habla tanto de la clonación, esa era una buena clonación para tener crías de cordero sin tener madre).
Recuerdo igualmente, cuando los chicos acudíamos a las casas de nuestras tías a pedir el aguinaldo el día de Año Nuevo o Reyes.
¡Qué estupendamente reflejado lo dejaba Monse en el número del mes de enero, en una de esas poesías que con originalidad e ingenio nos regala de vez en cuando!.
El aguinaldo lo recibíamos también en especie: unos cacahuetes, unos higos, unas castañas y, cuando la tía era muy espléndida, alguna naranja y solo, cuando ya se pasaba de generosa, nos daba alguna moneda. Eso mismo les pasaba a las mozas que pedían para el Santísimo.
Recordaba igualmente que cantaban por las puertas de cada casa unas coplillas que cada domingo eran distintas, pues hacían referencia al evangelio que ese domingo se leía en la misa: el domingo de “pan y peces”, el domingo “Lázaro”, etc. Había preguntado varias veces y a varias personas si alguien poseía esas letras. Y hasta ahora mis pesquisas habían resultado infructuosas. Nadie conservaba esas letras.
Cuando ya había perdido la esperanza de encontrar esas canciones, me ocurrió lo inesperado. Ordenando unos libros, me encontré con un libro pequeño en tamaño pero, como me decía hace poco un sacerdote cuando lo vio, un tesoro. Era de Don Eustaquio Pastor, un sacerdote que estuvo en Castillejo de párroco 32 años, muy aficionado a escudriñar en los archivos y que dejó constancia por escrito de todo aquello que juzgaba interesante. El libro se titulaba: “Letra de cánticos parroquiales de Castillejo de Robledo”. El interés con que yo le ojeé, a ver si encontraba esas canciones que hacía tiempo andaba buscando, fue como quien busca un tesoro, y lo encontré. En él se hallaban escritas las letras de todas esas canciones que cantaban cada domingo y no solo esas, sino también las que se cantaban en la Semana Santa y el domingo de Pascua de Resurrección.
Para que alguna mujer las recuerde voy a copiar dos de ellas, muy originales; la titulada: “El arado” y la titulada: “Los naipes o la baraja”. En la primera se van nombrando las distintas piezas que forman el arado romano y relacionándolas con la pasión de Jesús. Supongo que los labradores actuales que usan arados de 4 ó 5 rejas, no conocerán muchas de esas piezas del arado romano y los chicos más jóvenes tal vez casi ninguna. Pero tienen una fácil solución. Buscan algún arado en alguna cochera o corral, se llevan al abuelo, le van cantando la canción y él les irá señalando cada una de las piezas.
En la segunda canción no necesitamos esta ayuda porque todos conocemos las cartas de la baraja, como uno de los mejores inventos que ha hecho el hombre, pues ayuda a pasar muchos ratos muy entretenidos a todas las personas cuando las usamos. Igualmente va relacionando cada carta de la baraja con algún hecho religioso. Ahí tenemos las dos canciones:
El arado.
El arado cantaré - de piezas lo iré formando
y de la pasión de Cristo – palabras iré explicando.
El dental es el cimiento – donde se forma el arado,
pues tenemos tan buen Dios – amparo de los cristianos.
La cama era la cruz – Cristo la tuvo por cama
y al que siguiere su luz – nunca le faltará nada.
El trechero que atraviesa – por el dental y la cama
es el clavo que penetra – aquellas divinas palmas.
La telera y la chaveta – ambas a dos hacen cruz,
consideremos cristianos – que en ella murió Jesús.
La esteva es el rosal – donde salen los olores,
María coge colores – de su vientre virginal.
La reja era la lengua – la que todo lo decía.
¡Válgame el divino Dios – y la Sagrada María!.
El pezcuño es el que oprime – todas estas ligaciones;
contemplemos a Jesús, – afligidos corazones.
Las orejeras son dos, – Dios las abrió con sus manos,
y significan las puertas – de la gloria que esperamos.
Las belortas son de hierro – donde está todo el gobierno,
significan la corona – de Jesús el Nazareno.
Las alitas eran las gotas – de sangre que iba sudando
desde la casa de Anás – hasta el monte del calvario.
El timón que hace derecho – que así lo pide el arado
significa la lanzada – que le atravesó el costado.
La clavija que atraviesa – por la punta del timón
significa el que traspasa – los pies de Nuestro Señor.
El barzón es la saeta – que clavaron al costado
y la correa el pañuelo – con que sus ojos vendaron.
El yugo será el madero – donde a Cristo le amarraron
y las sogas los cordeles – con que le ataron las manos.
Los frontiles son de esparto, – se los ponen a los bueyes,
y al buen Jesús maniataron – con muy ásperos cordeles.
Los bueyes son los judíos – que de Cristo iban tirando
desde la casa de Anás – hasta el monte del calvario.
Los collares son las fajas – con que le tienen fajado,
los cencerros , los clamores – cuando le están enterrando.
La azuela que el gañán lleva – para componer su arado
significaba el martillo – con que remachan los clavos.
El gañán, el cirineo – el que a Cristo le ayudaba
a llevar la santa Cruz – de madera tan pesada.
Las toparras que se encuentra – el gañán cuando va arando
significan las caídas – que dio Cristo en el calvario.
El surco que el gañán lleva – por medio de aquel terreno
significará el camino – de Jesús el Nazareno.
La semilla que derrama – el gañán por aquel suelo
significará la sangre – de Jesús el Nazareno.
La hijada que el gañán lleva – agarrada con la mano
significará las varas – con que a Cristo le azotaron.
El agua que el gañán lleva – metida en el botijón
significará las hieles – que le dieron al Señor.
Ya se concluyó el arado – de la Pasión de Jesús,
adoremos a María – que nos dé su gracia y luz.
Ya se concluyó el arado – de Cristo, Nuestro Señor,
que le han cantado las mozas – Jueves Santo, en la Pasión.
Juego de la baraja o de los naipes.
Tu que juegas a los naipes – nunca pienses en ganar,
piensa en las cosas de Dios – y verás como te va.
Al principiar en el juego – yo considero en el as
que no hay más que un solo Dios -y en él no puede haber más.
En el dos yo considero – aquella blanca belleza,
que, siendo el Verbo encarnado, – solo hay dos naturalezas.
En el tres yo considero – ésta sí que cierta y clara,
las tres divinas personas – de la Trinidad Sagrada.
En el cuatro considero, – lo que veo desde lejos,
cosa que manda la Iglesia: – rezar los cuatro evangelios.
En el cinco considero – y siempre considerando,
las cinco llagas de Cristo – de pies, manos y costado.
En el seis yo considero – como carta más hermosa,
la muerte y pasión de Cristo – afligida y dolorosa.
En el siete considero, – contemplo con alegría,
la muerte y pasión de Cristo, – los dolores de María.
En el ocho considero – que en el arca de Noé,
aquellas ocho personas – que se salvaron con él.
En el nueve considero – cuando la Virgen María,
estuvo los nueve meses – en cinta y con alegría.
En la sota considero – aquella mujer piadosa,
que con la toca limpió – a Jesús su cara hermosa.
En el caballo contemplo – corrido y avergonzado
y privado de la gracia – Adán cayó en el pecado.
En el rey yo considero – (contemplo cuál podrá ser),
siendo rey de cielo y tierra – se ha obligado a padecer.
Las cartas de la baraja – ya te las tengo explicadas
y la pasión de Jesús – no dejéis de contemplarla.
Bien sabes tú que a los naipes – se juega de varios modos,
y en la gloria que esperamos – allí nos veamos todos,
y en la gloria que esperamos – allí nos veamos todos.
Publicado en el mes de abril del año 2003.